APEGO DESORGANIZADO EN EN LOS VÍNCULOS
La teoría del apego, el ser humano desarrolla modelos internos de trabajo a partir de la relación temprana con su figura cuidadora, que guían la regulación emocional, la percepción del otro, y la percepción de sí mismo en la relación.
Según la perspectiva psicodinámica de la teoría del apego, las figuras parentales, es decir, ya sean figuras de cuidado materno o paterno, deberían ser una fuente de seguridad emocional, física y cognitiva para el(la) niño(a).
Desde una lectura integrativa apego–psicodinámica, la desorganización… puede traducirse defensivamente en intelectualización y control pulsional. En el apego desorganizado, el(la) cuidador(a) también es una fuente de miedo. Esto provoca un colapso del sistema de apego dando lugar a estrategias incoherentes. La capacidad para regularse con el cuidador sostener y tolerar la cercanía y la distancia con la figura de apego
El niño(a) queda sin un patrón estable de seguridad emocional.
El(la) niño(a) necesita de un cuidador para sobrevivir, debido a la relación de dependencia entre el niño(a) y el cuidador en la infancia, pero si ese cuidador es impredecible, temible o emocionalmente inestable la co-corregulación falla.
Se activan funciones cognitivas que inhiben o controlan el mundo pulsional. Esto produce una incongruencia evolutiva donde se forma prematuramente una funcionamiento pseudo-maduro marcado por la hipervigilencIa, el hipercontrol y la parentificación del vínculo entre el niño(a) y su cuidador, dejando atrás a un sistema infantil no regulado.
La expresión espontánea del impulso puede generar rechazo, puede activar miedo en el cuidador y puede poner en riesgo el vínculo.
Como resultado el niño aprende que (a) sentir es peligroso y (b) pensar me protege.
Se intelectualiza, moraliza o se vive con culpa, el cuerpo queda escindido de la mente.
Ante esta imposibilidad, el niño no puede regularse a través del vínculo, por lo que recurre a una estrategia cognitiva compensatoria: pensar lo que no puede sentir. Admitir la falta para un(a) niño(a) en una relación parentificada, no es posible.
Intelectualización defensiva + control precoz del impulso
Funciona como: defensa frente al miedo vincular, estrategia de autorregulación e intento de mantener la relación.
Pero a largo plazo genera:
Rigidez emocional
Dificultad para el juego simbólico
Dificultad en la regulación del deseo y la agresividad
MODELOS DE TRABAJO INTERNO
En el apego desorganizado se configuran modelos internos de trabajo que configuran cómo se conduce una persona en un vínculo afectivo:
El otro que debería cuidarme es peligroso
Mis emociones no pueden ser reguladas en relación
La cercanía es impredecible
Estos modelos quedan codificados a nivel corporal, emocional y cognitivo.
Desde la teoría del apego, la regulación emocional se aprende en la relación con un otro. El apego seguro permite corregulación, mientras que el apego desorganizado genera:
Hiperactivación vivida como alarma y sensaciones de pánico
Desactivación (disociación, bloqueo)
Dificultad para usar al otro como base segura
Por eso, incluso en vínculos seguros: el cuerpo reacciona antes que la mente.
Desde enfoques contemporáneos (Teoría de Apego y Mentalización, Neurobiología Interpersonal, Psicoanálisis Relacional e Intersubjetivo, Enfoque Somático del Trauma), el apego desorganizado se asocia a experiencias traumáticas y a cuidadores no disponibles emocionalmente y/o físicamente. Este no se trabaja solo con narrativa, sino con memoria implícita, prácticas somáticas, y experiencias emocionales que sanan.
Dentro de las causas principales se encuentran:
Las conductas maternas impredecibles como el cuidado y el rechazo alternados sin coherencia
Las expresiones de miedo hacia el hijo mediante gestos, tonos o miradas que comunican amenaza
La negligencia emocional o disociación, presencia física sin disponibilidad afectiva
La inversión de roles, también denominada parentificación, el niño regula a la madre en lugar de ser ella quien lidera el proceso de co-rregulación.
PARENTIFICACIÓN en el vínculo parental
Este fenómeno es nocivo para la salud psíquica de un(a) niño(a) debido a la disociación emocional y física que debe suceder para que el(la) niño(a) pueda albergar la carga emocional, física y cognitiva de sus figuras de cuidado.
De manera contraria, cuando sí se presentan oportunidades para establecer un apego seguro con otra figura afectiva, la espontaneidad activa alarma; el deseo se vive con control excesivo o disociación. Y aparece dificultad para tolerar dependencia, integrar cuerpo, emoción y pensamiento.
S bien reparar esta racionalización es posible, es también de vital importancia consturir seguridad relacional, devolverle al cuerpo la experiencia emocional y permitir que el impulso emerja sin amenaza.
Este niño pasará a ser una persona que razona lo que debería sentirse.
Esto tiene efectos en la regulación emocional en relaciones presentes y futuras donde:
La cercanía equivale a la activación y la intimidad despierta ansiedad o alarma.
Dificultad para calmarse con el otro donde el apoyo externo no resulta suficiente.
Oscilación emocional intensa: hiperactivación vivida mediante ira o pánico que retroalimenta ciclos de desconexión emocional.
Desconfianza en el propio cuerpo: seguridad cognitiva, pero inseguridad corporal.
Construcción lenta de seguridad: requiere constancia, coherencia y repetición.
El apego desorganizado no es un trastorno, es una adaptación.
La regulación emocional puede reorganizarse a través de vínculos seguros y experiencias reparadoras donde el niño tiene reguladores externos y traductores emocionales que sirven como bases seguras debido a la negligencia emocional experimentada.
Escrito por: Sheyla Salinas